La historia de Isaías David terminó en tragedia y hoy enluta no solo a su familia, sino que vuelve a poner bajo la lupa al sistema de salud en Colombia. El menor falleció en una clínica de Cartagena, luego de permanecer cerca de 50 días a la espera de una cirugía cardíaca de alta complejidad que nunca llegó.
El niño, quien padecía una cardiopatía congénita, había sido remitido desde Valledupar con la esperanza de recibir atención especializada. Sin embargo, su caso quedó atrapado en trámites administrativos y demoras en la autorización del procedimiento, que debía ser gestionado por Nueva EPS dentro de una red hospitalaria con capacidad para realizar la intervención.
Durante semanas, sus padres emprendieron una lucha contrarreloj para salvarle la vida. Recurrieron a denuncias públicas, acciones legales y solicitudes urgentes para lograr su traslado a ciudades como Bogotá o Medellín, donde existían las condiciones médicas necesarias. Pero la respuesta nunca llegó a tiempo.
“Hicimos todo lo que estuvo a nuestro alcance, pero el sistema nos falló y mi hijo no aguantó más”, expresaron allegados a la familia, reflejando el dolor y la impotencia que deja este caso.
La muerte de Isaías David ha generado una fuerte ola de indignación a nivel nacional, reabriendo el debate sobre las barreras administrativas en el sistema de salud y la capacidad de las entidades para garantizar la vida, especialmente cuando se trata de pacientes pediátricos en estado crítico.
Se espera que los entes de control inicien investigaciones para establecer posibles responsabilidades de Nueva EPS y de las instituciones prestadoras de salud involucradas en la demora del traslado.
Mientras tanto, su familia se prepara para llevar su cuerpo de regreso a Valledupar, donde le darán el último adiós. Su historia deja un mensaje contundente: en Colombia, aún hay vidas que dependen de un trámite, de una autorización, de una firma que, cuando no llega a tiempo, puede costarlo todo.

