Temprano en la mañana recibo la llamada y me dan el manual para cocinar la yuca enveranada.
Epa… ahí me acordé de Javier Julio Bejarano, quien de frente se lanzó al agua, como dicen en política: “como los patos al agua”.
No habían pasado ni cinco minutos cuando recibí otra llamada. Era un amigo, más cartagenero que Getsemaní.
—¡Chucho, buenos días!
—¡Mi hermano! ¿Qué más? ¿Cómo va la cosa?
—¿Qué haces tú ahí?
—Compa, estoy tratando de cocinar esta yuca que está enveranada y la recogí antes que llueva, no sea que se ahogue y sean peores las penas. Me dijeron que la pelara y la metiera al congelador para que no se dañe o, si no, que le pusiera rutia, que para los que no saben es esa parafina con la que hacen las velas, para cubrir la yuca y evitar que se dañe.
Enseguida le pregunté:
—¿Y usted qué está haciendo?
—Nada, mi hermano.
—Entonces venga y ayúdeme a cocinar. Vaya pelando la cebolla para el hogao, pero no se me vaya a poner a llorar.
Y ahí fue cuando arrancó la película.
—Compa, ayer me echaron un chisme.
—Sí, pero creo que es un chisme.
—Papá, si me vas a echar chisme, mejor no me lo digas.
—No Chucho… está sabroso.
Joda… y uno que es chismoso, ¿cómo hace?
Enseguida me entró una lucha ética entre decirle “no me digas nada” y decirle “compa, dígame”.
Ya ustedes saben cuál ganó.
Y hago la aclaración antes que me regañen: esto es un chisme y los chismes tienen un alto grado de mentira.
—Chucho, pilla. ¿Tú sabes cuál fue el hecho político de ayer?
—Claro. La renuncia de Javier Julio Bejarano al Concejo para lanzarse de pecho a la Alcaldía de Cartagena.
—Bueno, mira el chisme que me echaron, pero yo creo que eso es paja.
—Joda, habla rápido compa.
—Me dicen que Javier Julio Bejarano está pensando ir por firmas y que no participaría en la consulta del Pacto. Que se va de frente. Y que ya existe una estructura donde, según me cuentan, habría diez concejales de la ciudad listos para apoyarlo.
Yo me quedé callado.
Y siguió:
—Y me dicen también que un man de Mozambique, que tiene un lago y un equipo de fútbol, sería uno de los patrocinadores de la operación.
Le respondí:
—Erda compa… si eso fuera verdad, el man viene con todo. Porque el estratega del africano es un pelao pequeño que sabe una barbaridad de política.
—Pilla, según me cuentan, el man de Mozambique tiene dos caminos: Javier Julio y Fernando Niño. Y que están esperando qué pasa con la campaña presidencial, si gana Cepeda o Abelardo.
—¿Y eso qué tiene que ver?
—Que dependiendo de quién llegue, toman una decisión. Pero la idea sería mandar a los dos de entrada.
Ahí fue cuando en mi cabeza empezó a sonar la tambora.
Eche…
Entonces la fórmula sería Fernando Niño para la Gobernación y Javier Julio para la Alcaldía.
O mandarlos a los dos para la Alcaldía, como en la Fórmula 1, para que sean los dos pilotos de la izquierda en Cartagena y peleen el uno y el dos en el podio.
Pero después de tanto cuento le dije:
—Compa, no me diga más nada porque eso no lo creo. Además, todavía falta mucha agua por correr debajo del puente. Hay que esperar que se asiente el tema presidencial para saber qué va a pasar.
Y debo decirlo claramente: yo no me creo ese cuento.
Así que mejor dejamos la política para después.
Porque la yuca sí salió harinosa.
Con buen hogao.
Suero Atoya Buey.
Cebolla.
Cilantro.
Y un chocolate de bola de maíz de los Montes de María.
Y entre una cucharada y otra llegué a la conclusión de que hay cosas más fáciles de entender que la política cartagenera.
Por ejemplo… cocinar una yuca enveranada.

