Amanecí con ganas de cocinar. Pero no cualquier cosa.
Quería un plato de esos que te devuelven a la raíz.
Busqué dos berenjenas que me había dejado mi hermano Leonard —porque el hombre dijo “compa, eso a mí no me gusta”— y yo me reí solo: ombe, no sabes de lo que te estás perdiendo.
Prendí el carbón, suave, sin afán. Las puse a ahumar como manda la cosa bien hecha, mientras la berenjena se va quemando para que coja ese sabor a ahumado. Mientras tanto, fui picando cebolla, ajo, ají dulce, pimentón, un toque de cilantro… y dejé listos cuatro huevos. Al lado, dos tapas de yuca que me traje de la parcela del viejo Ramiro.
Y entre ese humo sabroso y el ruido del carbón, me volvió la idea que tenía desde la noche anterior:
el DANE y la pobreza.
Entonces me dije:
—“Ajá Chucho… ¿y tú no has visto cómo le fue a Bolívar con Yamilito Arana?”
Y como quien revisa una receta, saqué el celular y me fui directo a los números del DANE.
Lo primero es claro: Colombia está mejorando.
En 2025, la pobreza multidimensional bajó a 9,9%, cuando en 2024 estaba en 11,5%.
Una caída de 1,6 puntos que se traduce en algo concreto:
793.000 personas dejaron de ser pobres en un solo año.
Eso no es discurso. Eso es dato.
El país, hoy por hoy, está en su mejor nivel desde que se mide este indicador.
Pero cuando uno aterriza eso en Bolívar, la cosa cambia de sabor.
El departamento se mueve alrededor de 16%–17% de pobreza multidimensional.
Es decir, casi el doble del promedio nacional.
Entonces hay que decirlo sin drama, pero sin maquillaje:
Bolívar no está en la crisis de antes…
pero tampoco está en el nivel del país.
La explicación no es un misterio.
El mismo DANE lo deja servido:
* En ciudades, la pobreza es 6,3%
* En el campo, 22,4%
Y Bolívar —nos guste o no— es un departamento con una fuerte base rural.
Eso significa que su realidad se parece más al 22% que al 9,9%.
Ahí está la raíz del asunto.
Ahora bien, tampoco se puede ignorar lo que está pasando.
Durante el gobierno de Yamil Arana Padauí hay señales claras de movimiento:
* inversión en agua potable
* infraestructura educativa
* obras en distintos municipios
* activación de proyectos sociales
Todo eso incide directamente en la reducción de la pobreza, porque mejora condiciones de vida.
Pero aquí es donde entra la parte clave del análisis:
gran parte de esas obras
todavía están en ejecución o en construcción.
Y eso significa algo sencillo:
el impacto completo aún no se refleja ni en las cifras ni en el día a día de la gente.
Por eso, el momento que vive Bolívar es particular.
No es un departamento estancado.
Está avanzando.
Pero tampoco es un territorio que esté cerrando la brecha con el país.
Está en la mitad del camino.
Al final, mientras la berenjena terminaba de coger ese punto exacto —ni cruda ni pasada— la conclusión se hizo evidente:
Colombia está bajando la pobreza con fuerza.
Bolívar también la está bajando… pero más lento.
Y en esa diferencia está todo.
Porque el reto no es solo mejorar.
El reto es alcanzar.
Y hoy, Bolívar mejora… pero todavía no alcanza.
Si las obras que hoy están en marcha se terminan bien,
si lo que está en ejecución empieza a funcionar de verdad,
el departamento puede dar un salto importante en los próximos años.
Pero por ahora, la foto es clara:
la pobreza está bajando, sí…
pero en Bolívar todavía no está en su punto.

