Jocho Ardila: la embestida del Búfalo en las elecciones a la Cámara por Bolívar.

Mientras pelo el ñame que me mandó la familia Dimas desde San Cayetano, pensando en comérmelo con yuca, suero y ajonjolí con sal —como Dios manda— el teléfono no deja de sonar.
La gente me escribe:
“Chucho, ¿qué fue lo que pasó con el Centro Democrático en Bolívar?”
Y la verdad, compa, hay que decirlo sin rodeos: lo que pasó no estaba en la libreta de muchos analistas políticos.
Durante años se dijo que en Bolívar el Centro Democrático era un partido más de opinión que de estructura, que aquí las maquinarias eran otras y que el terreno estaba ocupado.
Pero la política tiene esas cosas sabrosas: cuando uno cree que el partido está definido, aparece una jugada que revuelve el domino.
Y el dato es claro: el Centro Democrático superó los 109 mil votos en el departamento.
Y en política electoral pasar de cien mil votos ya no es cuento… es base política real.
Dentro de ese resultado aparece una figura que muchos habían subestimado: Jocho Ardila.
Una vez él mismo me dijo algo que se me quedó grabado:
“Chucho, yo creo en la fuerza del búfalo… y eso es bíblico.”
Y viendo el resultado, debo decir que la historia terminó pareciéndose bastante a David contra Goliat.
Muchos decían que no alcanzaba, que la estructura era pequeña, que era imposible.
Pero al final la piedra pegó donde tenía que pegar y el resultado quedó claro: más de 109 mil votos.
Ahora, hay un detalle que también pesa en esta historia.
En muchas cuentas políticas nadie tenía previsto que Álvaro Uribe, como jefe natural del partido, terminara aportando cerca de 15 mil votos a la lista.
Y en política 15 mil votos no son una propina… son gasolina electoral.
Pero más allá del respaldo nacional, lo interesante es que aquí también empezó a verse una estructura política moviéndose dentro del departamento.
En ese engranaje aparecen nombres que muchos mencionan en voz baja: la familia Alí de Magangué, el concejal Pedro Aponte, y hasta hay quienes afirman en voz baja que hubo una bendición desde Cartagena.
Cuando esas piezas empiezan a engranar, lo que aparece no es solo una candidatura… es una pequeña empresa electoral caminando.
Y en política hay una verdad vieja:
los votos de hoy son el poder de mañana.
Más de 109 mil votos significan que el Centro Democrático ya tiene un piso electoral en Bolívar.
Ahora el reto es otro: convertir esos votos en estructura permanente.
Porque aquí las elecciones no se ganan en Twitter ni en discursos elegantes.
Se ganan municipio por municipio, barrio por barrio y mesa por mesa.
Mientras termino de servir el ñame y pienso si le echo más suero o más ajonjolí, la conclusión política es sencilla:
El resultado del Centro Democrático en Bolívar no fue un accidente.
Fue una señal.
Porque en política pasa algo curioso:
muchos creen que la partida termina cuando se cuentan los votos…
pero a veces esa es apenas la jugada que inicia la partida.

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